La Candela Restó | De qué hablamos cuando hablamos de comer
De qué hablamos cuando hablamos de comer. En este artículo LCR explicamos cuál es la actitud que nos gusta en un comensal. Porque la actitud lo es todo, y la digestión lo más.
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De qué hablamos cuando hablamos de comer

De qué hablamos cuando hablamos de comer

Hay tantas formas de sentarse a la mesa como formas de tomarse la vida, aunque no parezcan tantas.

La comida siempre ha sido punto de reunión, casi un rito simbólico. Comer en familia conlleva de fondo compartir el ciclo de la vida con nuestro clan. Y en toda familia, en todo grupo humano, están ‘los de siempre’. ¿Quiénes son ‘los de siempre’?

Está aquel al que siempre hay que llamar con insistencia, siempre se sienta tarde, traga lo que le echen y sale corriendo –“con permiso”, y sin él, porque a veces ni espera a recibirlo-, que comer para él es sólo repostar y queda mucho camino aunque pise el acelerador a fondo.

Está ese que siempre disfruta de todos los procesos vinculados al acto de ingerir y compartir, aunque apenas pruebe nada. Habla, sonríe, mira y desgrana conversación tras otra y si al final necesita bicarbonato quizá sea debido únicamente al vino sin mucho sustrato.

Y, por último, están aquellos que no son los de siempre, sino todo lo contrario.

Estos se sientan a la mesa a vivir, a transformarse. Se comprometen con la vida y abren la boca para saborear, sin expectativa, sabiendo que la emoción del momento quizá los cambie desde adentro y para siempre, que hasta la forma de caminar te puede torcer un alimento en mal estado. Mucho más poder tiene un conjuro de sabores ligados con instinto y savoir fare.

En LCR queremos señalar la contraposición entre esa persona que viene al mundo porque tiene que haber de todo, que solo come lo que le da placer o come porque es necesario, que está inmerso en los asuntos del mundo y se olvida de su cuerpo, creyendo que es sólo a su cuerpo a quien satisface. Esa persona que siempre come de la misma forma, lo que le echen o le sepa bien, que termina viviendo su vida como un carrusel de emociones sin objetivo ni dirección, porque la vida no pasa por él, sino que él pasa por la vida, FRENTE a esa otra persona que reflexiona sobre el acto de nutrirse y de vivir. Que se sienta a disfrutar de la experiencia sin expectativa, que se observa con desapego y es capaz de incorporar esa emoción, esa reacción interna, a un diálogo interno que lo hace avanzar, crecer, configurarse como persona.

Partimos de que, en general, el paladar de cada uno es un subproducto cultural, fruto de condicionantes sociales, emocionales y hasta psicológicos. Y, sin embargo, estamos seguros de que nuestros comensales sí que entienden que la diferencia entre ir a comer a un lugar con amigos y pedir las tapas que más que alimentar lo que hacen es asentar la conversación y una visita a La Candela es que en esta última el desfile de platos está llamado a producirte un sobresalto, una incomodidad, una reflexión, a plantearte una pregunta, como hacen Thomas Vinterberg o Terence Malick. Y todo lo que influya a un ser humano para que produzca una reacción está llamado a hacernos crecer a todos, a través de uno solo incluso.

Bienvenidos al mundo de La Candela Restó, donde comer es un viaje y las experiencias llaman a crecer.

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